Cigüeña macho vuela 14.000 km cada año solo para encontrarse con su pareja hembra con discapacidad

Muchos de nosotros habremos visitado a nuestra pareja, amigos o familia que se encuentran a 14.000 kilómetros de distancia, pero para nosotros no supone mucho esfuerzo.

Nos sentamos en un avión, nos echamos una siesta y nos levantamos cuando es hora de aterrizar.
Esta fiel cigüeña macho, Klepetan, sin embargo, vuela miles de kilómetros cada año, para encontrarse con su amor, una cigüeña hembra discapacitada que no puede volar.

¡La historia de Klepetan y Malena es un relato de amor y devoción que se mantiene a pesar de las circunstancias!

A finales de marzo vuelve la cigüeña macho Klepetan al pequeño pueblo Brodski Varos, en el este de Croacia – como ha venido haciendo los últimos 15 años.

Klepetan siempre vuelve para ver a su amor después de pasar el invierno en Sudáfrica. Viaja a Croacia para encontrarse con el amor de su vida, Malena.

Malena siempre espera a Klepetan y cuando vuelve ella está preparada para tener a sus crías. La pareja ha tenido 62 crías en estos años. Han estado realmente muy ocupados cada año.

Los naturalistas vienen desde hace tiempo siguiendo la pista a Klepetan y parece que pasa el invierno cerca de Kapstaden, en Sudáfrica – a 14.500 kilómetros de distancia de Malena.

A Klepetan le lleva más o menos un mes hacer el viaje. Esta relación a distancia de las dos cigüeñas las han hecho muy famosas en Croacia.

Un amante de los animales local, Stjepan Vokic, adoptó a Malena en 1993 cuando la encontró cerca de un embalse gravemente herida por el disparo de un cazador.

Pasa los inviernos en un almacén que Stjepan Vokick llama un “improvisado África”. En el almacén tiene alojamiento, calor y un acuario.

En primavera Vokic le hace un gran nido a Malena en el techo del almacén.

Klepetan, la cigüeña macho, enseña a las crías a volar antes de emigrar hacia el sur de Africa a principios de agosto.

Durante este tiempo Malena se queda con Vokic, que la cuida y la humedece las patas para que no se sequen porque está muy lejos de su hábitat de humedad.

Vokic cuenta a AFP : ”Me la llevo a pescar conmigo pero no la puedo llevar a África. A veces vemos la televisión juntos”.

“Si la hubiera dejado abandonada cerca del embalse los zorros se la hubieran comido. Pero cambié su destino y ahora soy responsable de su vida”.

¡Qué preciosa historia de amor! Los que dicen que los animales no tienen sentimientos deberían leer esto.

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